Historia de un reclamo que fue más allá de un berrinche de zurdos

De la Redacción

En política, y sobre todo desde la terraza del poder, a veces se ven cosas que otros no advierten. Pero también hay muchos casos donde – como diría el inolvidable Diego – se les escapa la tortuga. Es precisamente lo que pasó con la marcha universitaria para el Gobierno Nacional. Se veía venir, pero la reacción oficialista fue entre tardía y posiblemente errónea.

La famosa motosierra de Milei viene dejando satisfacciones en amplio sector del país, particularmente sus votantes. Es a ellos a quienes agradeció pocos días antes en su cadena nacional, aunque no logró en los mercados el rebote positivo esperado.

¿Hay mucho más aguante de parte de la población para soportar los efectos del ajuste? Las encuestas conocidas hasta hace pocos días atrás, dejaban entrever que la imagen del Presidente Javier Milei sigue alta. Pero también han dejado percibir ciertas incertidumbres y preocupaciones.

Si bien hay un sector que apoya al gobierno a muerte, hay un sector de votantes (que me animo a denominar «flotantes») que pueden cambiar su opinión. Esos son particularmente los que en alguna ocasión votaron al kirchnerismo, en otra al macrismo y en esta última ocasión a Milei.

En ese contexto esta vez el ruido de la oposición centró su poder de fuego en «la educación pública y gratuita», dejando trascender maliciosamente que este gobierno desea cerrar las universidades públicas. La excusa se tomó por la demora en la entrega de partidas presupuestarias para las universidades, en particular para con la UBA. Curiosamente (y oportunamente) el reclamo tomó fuerza y rapidez luego del vergonzoso auto-aumento de sueldo de los senadores de la Nación. Y curiosamente los más criticados en esa sesión, fueron los más calurosos promotores de la marcha a favor de la Educación Pública. Sin dudas necesitaban una importante distracción.

Hay temas sensibles que han tocado de manera diferencial a los ciudadanos en diferentes momentos de nuestra historia. Entre ellos se encuentra el valor del transporte público y la educación universitaria. Son dos temas donde «aparentemente» el gobierno libertario «habría» manifestado alguna insensibilidad. Al menos habría dejado la duda, por el estilo confrontativo del clan Milei, también traducido por el vocero Manuel Adorni.

Ni lenta, ni perezosa, Cristina Fernández aprovechó para tender sus hilos: CGT, Movimientos Sociales, centros de estudiantes afines, socios de la izquierda y por supuesto los rectores puestos en funciones bajo su poder político y económico.

Bajo toda esa red organizativa, la sensibilidad social y de la aún enorme masa estudiantil, se dejó llevar tras una consigna inobjetable: defender la educación pública y evitar el cierre de las universidades. Tan buena se presentó la oportunidad, que hasta el mismo Sergio Massa (sí, el mismo que dejó la inflación por las nubes, el mismo que en 2022 recortó las transferencias previstas en $70.000 millones al Ministerio de Educación) aprovechó para mostrarse y lavar su imagen.

¿Qué hay de cierto para que los estudiantes y una importante porción de ciudadanos se manifestaran? 

Sí hubo un ajuste del presupuesto universitario de parte del actual gobierno y sí hubo una sensible demora en la entrega de las partidas a las universidades nacionales.

¿En qué tiene razón el Gobierno? 

En que ha habido desmanejo en la utilización de los fondos que aporta el Estado a las universidades. En que el kirchnerismo ha coptado políticamente muchas de esas universidades y se ha priorizado en varias carreras una formación ideológica por sobre la profesional.  En que muchos extranjeros están sacando ventaja de la formación universitaria gratuita, cuando en otros países cualquier argentino que desee estudiar debe pagar su carrera.

¿En qué falló el Gobierno? 

En realizar la entrega de las partidas presupuestarias a las universidades cuando la marcha ya era un hecho e informar el aumento del 70% otorgado el mismo día de la marcha: tarde. También falló en confrontar y considerar indiscriminadamente a los ciudadanos que apoyaron la marcha como zurdos. Y finalmente falló en dejarle servida a Cristina Fernández y antiguos asociados, la oportunidad de apropiarse, injustamente, un reclamo que pudo haberse evitado con otro tipo de estrategia.

El amplio abanico opositor, en este juego de ajedrez político, dió la voz de jaque. El gobierno está en posibilidad de darlo vuelta, siempre que haya tomado debida nota de los movimientos del adversario y ver claramente qué piezas movió. La «reina» rival hará otra movida sobre el fin de semana y se hará ver. Le tocará mover luego al oficialismo. Entre sus jugadas está la ley «bases» y es obvio que ese es el jaque que la oposición está buscando.

Un poco de templanza oficial no le será nada desfavorable. De un lado y del otro, aún se está lejos del jaque mate. Pero siempre depende de cómo se observe el tablero y cuidar mucho que nadie lo patee.

C.V.

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